lunes, 21 de marzo de 2016

Invasión felina en el estadio de puebla.

Llegaron con el mote de ser la mejor afición de México y fueron los únicos que se devolvieron, al no poder festejar la victoria de los tigres.

Fueron más de 11 mil aficionados de los tigres, en su mayoría fueron familias, los que llenaron de amarillo la parte norte del estadio de puebla.

La invasión de tigres comenzó anotarse desde el sábado ya se miraban aficionados de tigres por las calles de la ciudad poblana, y los restaurantes recibieron con mucho gusto a los afinados de tigres que llegaron hambrientos y sedientos.

Fue lo único que pudieron saciar, además del gusto turístico al traerse souvenirs y selfies en las tradicionales iglesias de la llamada Angelópolis.

Eso los que viajaron desde el viernes, porque la mayoría llegó por la mañana de ayer en una notable caravana de autobuses con las ventanillas abiertas y el orgullo de los colores de Tigres con las banderas desplegadas.

Y a los que no llevaron les esperaban decenas de vendedores que traían más banderas de los felinos que del Puebla.

Los aficionados poblanos también aprovecharon la visita de los Tigres para comprar playeras de André-Pierre Gignac, aunque fueran piratas.

"Fue un viaje largo, de unas 14 horas, llega uno bien cansado, pero feliz de estar con los Tigres y demostrar el porqué incomparable sólo hay una", expresó un seguidor.

Ya en la grada del Cuauhtémoc, al inicio el grito de ¡"Tigres, Tigres!" opacó a la afición poblana y aunque el sonido local trató de arengar a los seguidores de La Franja, era más ruidoso el apoyo felino.

Pero en el partido, los aficionados auriazules se contagiaron de la anemia goleadora del equipo y no fueron tan ruidosos como en anteriores invasiones al Azteca, al Hidalgo, al Omnilife o al Alfonso Lastras.

Además, los 30 mil aficionados poblanos también hicieron lo suyo.